Inauguración Tertulia

Inauguración Tertulia
Fiesta inauguración

02 abril 2020





‘Bendita’ Pandemia
               En tiempo de confinamiento



La paranoia y el miedo / no son, ni serán el modo, / de esta saldremos juntos / poniendo codo con codo. Jorge Drexler






La hora/luz en el que el día se abre:


“La primera hora es el nacimiento de la luz. Comienza cuando las tinieblas se empiezan a disipar y acaba justo antes de que el disco solar se presente. Una hora duradera aún sin un inicio claro. Igual de promisoria en todas las estaciones del año, es más cristalina en el invierno y algo más vital en los meses de verano. El tiempo se reactiva en ella lento pero inexorable. Su luz es tenue y del color de la lavanda. No existen sombras a esta hora, por ello, la textura de la materia es suave y aterciopelada, sin brillos, se acerca al tacto. La visión de la realidad se hace poco a poco plena, parece que todo lo visible vuelve a renacer. En los interiores de las casas sólo una ligera claridad anuncia el día. Es el momento en el que mejor se percibe el tránsito entre lo opaco y lo transparente. El aire poco a poco se aligera…”.




La hora duodécima:

“Esta hora empieza en el instante en que desaparece el disco solar y se mantiene hasta que cesa la claridad. Es consistente en todas las estaciones del año, aunque al acercarse el verano su extinción se hace tan lenta que no se sabe con seguridad si acabará. Por ella pasa el tiempo con tranquilidad. No hay sombras a esta hora, sólo quedan gradaciones entre la claridad y la oscuridad. La textura de la materia es suave y sedosa, las aristas desaparecen con esta iluminación. En los interiores sólo se percibe un eco de la luz que no es capaz de alumbrar. La visión se serena al haberse extinguido la rudeza del contraste. Todo es extrañamente opalescente como consecuencia de la escasa luminosidad”.



La luz del sol, de Álvaro Galmés Cerezo, Pre-Textos.
Fotos de Christopher Markisz y Brian Snyder






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